¿Te ha pasado que no sabes qué hacer con tu pelo rizado? Que lo tienes ahí, con volumen, con vida propia, pero no sabes cómo cuidarlo… Yo me pasé años sin entender el mío. Usaba cualquier champú, me lo ataba para no verme el frizz, me lo alisaba cuando me cansaba, y cuando lo dejaba suelto, parecía que siempre estaba seco o enredado.
Durante mucho tiempo pensé que era culpa del tipo de pelo. Que era rebelde, difícil, feo incluso. Hasta que empecé a hacerme preguntas: ¿y si el problema no era el pelo, sino cómo lo estaba tratando? Poco a poco fui probando cosas, leyendo, observando. Sin fórmulas mágicas ni rutinas de mil pasos. Solo entendiendo lo que necesitaba mi rizo.
Si tú también sientes que no sabes por dónde empezar, te entiendo. Y por eso quiero contarte lo que a mí me ha funcionado.
Lo primero: entender tu tipo de rizo
Antes de hablar de productos o rutinas, hay algo importante: no todos los rizos son iguales. Hay rizos más sueltos, rizos en espiral, rizos muy apretados tipo afro, ondas grandes… Yo tengo el rizo tipo 3C, que es muy apretado y con mucho volumen. Entender tu tipo te ayuda a elegir los productos correctos y adaptar lo que ves por ahí a tu caso.
No necesitas saber la “letra exacta” si eso te agobia. Solo fíjate si tus rizos son abiertos o muy cerrados, si se encogen al secarse, si son frágiles o gruesos, si se enredan mucho, etc. Es una observación simple que te ayudará a no frustrarte cuando algo no te funcione como viste en internet.
Mi rutina básica (y realista)
No me paso el día haciendo rutinas complicadas. Tengo poco tiempo, así que esto es lo que hago normalmente:
- Lavo el cabello una o dos veces por semana: Uso un champú sin sulfatos, suave, que no arrastre todos los aceites naturales del cuero cabelludo. El día que me lavo el pelo, aprovecho para desenredar y aplicar mascarilla.
- Uso mascarilla o acondicionador profundo: Este paso ha sido clave. Los rizos necesitan mucha hidratación. Una vez a la semana (o dos, si lo noto muy seco), aplico una mascarilla natural, sin siliconas. La dejo actuar mínimo 10 minutos, a veces con una toalla caliente encima. El cambio en el brillo y la elasticidad fue inmediato desde que empecé.
- Desenredo solo con el pelo mojado: Nunca desenredes el pelo seco. Lo hago siempre con los dedos o con un peine de púas anchas, y con el acondicionador puesto. Empiezo desde las puntas, poco a poco.
- Secado sin fricción: Después de aclarar, no me froto el pelo con la toalla. Lo envuelvo con una camiseta de algodón (sí, una camiseta) para quitar el exceso de agua. Así no se rompe ni se encrespa tanto.
- Aplicación de productos con el pelo húmedo: Con el cabello aún húmedo, aplico una crema o leave-in natural para rizos. A veces sello con un aceite ligero (como jojoba o argán). Defino los rizos con la técnica que mejor me ha funcionado: simplemente estrujo los rizos hacia arriba con las manos.
- Secado al aire o con difusor: Lo ideal es dejarlo secar al aire. Pero si tengo prisa o hace frío, uso un difusor a temperatura media y sin mover demasiado el pelo.
- Refrescar los rizos entre lavados: Entre lavados, los rizos se van aplastando o perdiendo forma. Los refresco con un spray de agua con un poco de acondicionador diluido. A veces reaplico un poquito de crema para rizos solo en las zonas más rebeldes.
Ingredientes que de verdad funcionan
He aprendido que no hay necesidad de complicarse con fórmulas raras. Algunos ingredientes naturales ayudan muchísimo a mantener el cabello sano, definido e hidratado.+:
- Aceite de coco: ideal para mascarillas profundas, aunque no a todo el mundo le va bien. Yo lo uso solo de medios a puntas, y solo en invierno.
- Aceite de argán: muy ligero, hidrata sin dejar el cabello pesado.
- Gel de aloe vera: define y aporta brillo. Lo mezclo con un poco de crema para rizos.
- Manteca de karité: muy nutritiva. Yo la uso mezclada con otros ingredientes.
- Vinagre de manzana: lo uso de vez en cuando para equilibrar el pH del cuero cabelludo. Una cucharada en una taza de agua como último enjuague.
- Miel: genial en mascarillas caseras para aportar suavidad y brillo.
- Extracto de linaza (gel de lino): define los rizos, da cuerpo y reduce el frizz. Se puede hacer en casa fácilmente.
Leer etiquetas sin volverte loca
Uno de los grandes cambios fue aprender a leer las etiquetas. Al principio cuesta, pero después vas pillando los patrones. ¿Qué es lo que busco evitar?
- Sulfatos: resecan mucho el cabello. Los típicos son Sodium Lauryl Sulfate y Sodium Laureth Sulfate.
- Siliconas no solubles: no se van con agua y se acumulan. Suelen acabar en “-cone” (Dimethicone, Cyclopentasiloxane…).
- Parabenos: conservantes que pueden ser irritantes. Los verás como Methylparaben, Propylparaben, etc.
- Alcoholes secantes: como el Alcohol Denat o Isopropyl Alcohol. No todos los alcoholes son malos, pero estos sí resecan.
En cambio, busco ingredientes como aceites vegetales, proteínas hidrolizadas (si necesito fuerza), glicerina vegetal (para hidratar), aloe vera, extractos de plantas…
Truco: cuando un producto está lleno de ingredientes raros, lo descarto. Prefiero fórmulas cortas, donde los primeros ingredientes (que son los que más cantidad tienen) sean buenos.
¿Por qué usar productos veganos y sostenibles?
Uno de los cambios más bonitos que hice fue pasarme a productos veganos y sostenibles. No solo por ética, sino porque noté una gran diferencia en cómo se sentía mi pelo. Estas son las razones:
- Cero ingredientes tóxicos: Los proveedores de productos veganos y sostenibles para el cabello rizado, Rizophilia, me explicaron que los productos veganos y naturales para el cabello rizado no llevan sulfatos, parabenos, siliconas ni perfumes artificiales fuertes. En su lugar, usan ingredientes biodegradables y seguros tanto para ti como para el medioambiente.
- Mejor para el cuero cabelludo: Muchos problemas como picor, descamación o caspa estaban causados por químicos agresivos. Desde que uso champús veganos y suaves, el cuero cabelludo está equilibrado, sin grasa ni resequedad.
- Más honestidad en las fórmulas: Las marcas sostenibles suelen detallar más lo que llevan y lo que no, y no incluyen rellenos inútiles. Eso da confianza y te permite elegir de forma más consciente.
- Respeto por los animales y el planeta: Que un producto sea vegano significa que no contiene ingredientes de origen animal. Pero además, si es sostenible, implica que no ha contaminado innecesariamente durante su fabricación ni ha sido testado en animales. Eso también es importante.
- Menos residuos: Muchas marcas ofrecen envases reciclables o incluso productos sólidos sin envase. Esto ayuda a generar menos basura y a reducir el plástico en el baño.
Mi consejo: empieza por cambiar solo un producto. Por ejemplo, un champú vegano natural. Luego, cuando se te acabe la mascarilla que estás usando, busca una opción sostenible. Así, poco a poco, sin gastar más de la cuenta.
Errores comunes que cometía (y quizás tú también)
Te comparto algunos fallos que solía cometer por no saber cuidar mi pelo rizado:
- Lavarme el pelo todos los días: pensaba que era “más limpio”, pero solo lo resecaba.
- No usar acondicionador: un error total. El rizo sin hidratación se rompe y se encrespa.
- Cepillar en seco: adiós rizos, hola frizz.
- Secar con toalla de felpa: rompía los rizos y dejaba mucho encrespamiento.
- Usar aceites con el pelo seco y sucio: lo ideal es que el cabello esté limpio o húmedo, y usar poca cantidad.
- Comprar por la marca sin leer etiquetas: muchas veces pagaba de más por productos que ni eran buenos para rizos.
Cuidar el cabello rizado también es quererse
Algo que aprendí en este proceso es que cuidar mi pelo también ha sido una forma de cuidarme a mí misma. De aceptarme, de entender que no necesito esconder mis rizos ni luchar contra ellos. El pelo rizado necesita paciencia, sí, pero también es muy agradecido cuando le das lo que necesita.
No se trata de tenerlo perfecto todo el tiempo, sino de tratarlo con respeto, de observarlo y de ir encontrando lo que funciona.
Cosas que me han ayudado muchísimo
- Seguir cuentas especializadas en rizos reales, no solo modelos. Gente que muestra su evolución, sus errores, sus rutinas.
- Tener un corte que respete la forma natural del rizo. Esto hace toda la diferencia.
- Llevar un diario del pelo: puede sonar exagerado, pero anotar qué productos uso y cómo reacciona mi pelo me ha dado muchas pistas.
- Evitar compararme con otras melenas. Cada rizo es distinto y precioso a su manera.
Y por último, si estás empezando…
No te agobies, empieza poco a poco. No necesitas comprar todo de golpe ni entender todas las técnicas. Cambia un solo hábito: quizás empezar por desenredar en la ducha, o dejar de usar la toalla de siempre. Vas a ir notando el cambio.
Yo también empecé sin saber nada. Y ahora, aunque sigo aprendiendo, ya no le tengo miedo a mis rizos. Al contrario: me encantan.


