Esto es lo que pasó después de comprar un piso con mi actual expareja

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Uno de los temas de debate estrella en los últimos tiempos viene siendo el de la vivienda. Yo siempre he creído que es importante que lo sea porque es precisamente la vivienda lo que va a formar el bienestar en la calidad de vida de una persona y lo que va a hacer posible que tengamos la opción de ser felices. Si una persona está feliz con la vivienda en la que se encuentra, afronta el resto de su día a día de otra manera muy diferente a como lo haría si la situación fuera la contraria. Por tanto, de la vivienda siempre hay que hablar. Que nunca se os olvide.

Y precisamente es de la vivienda de lo que os quiero hablar en los párrafos que siguen. Os voy a contar una experiencia personal que me ha pasado en mi ciudad natal, Barcelona. Tengo 32 años y desde hace mucho tiempo tenía ganas de independizarme, irme de casa de mis padres y empezar a hacer mi propia vida. Después de acabar mi carrera universitaria, encontré trabajo de manera más o menos rápida y pude irme a vivir de alquiler. Recuerdo esa época con mucho cariño porque era más joven de lo que soy hoy y disfrutaba más de la vida. Y me acababa de zafar de las cadenas que muchas veces se tienen cuando se vive bajo el techo paterno y materno, para qué nos vamos a engañar.

A medida que vas cumpliendo años, y sobre todo cuando te echas una novia o novio, lo lógico es empezar a sentar la cabeza y empezar a mirar hacia el futuro. Una de las cosas que lo ejemplifica es que comienzas a mirar una casa para comprar en lugar de para alquilar. Es como un proceso que se va produciendo a lo largo de la vida: primero acabas tu carrera, encuentras un trabajo y, con algo más de estabilidad, vas forjando algo más, en este caso el ser propietario de una vivienda o de un piso. Ese era el plan de vida que llevábamos yo y mi novia y eso es lo que decidimos ir creando. Hace un par de años, compramos un piso y empezamos a vivir juntos.

Recuerdo esta época como una de las que más vértigo me ha producido. Siempre he sido muy contrario a la compra de viviendas porque creía que eso era sinónimo de atarse a un lugar para siempre, cuando era posible que me saliera una oferta de trabajo en otra ciudad del país o del mundo. Pero el caso es que acepté y, poco a poco, me fui convenciendo de que había hecho lo correcto porque a fin de cuentas estaba pagando por algo que era mío y que me iba a proporcionar la gran ventaja de que, cuando terminara de pagar la hipoteca, todo el dinero que me quedara de la nómina iba a ir a parar directamente a mi bolsillo, sin tener que pagar por una vivienda nunca más.

El problema fue que, un año después de haber comprado el piso, las cosas nos empezaron a ir mal en el plano amoroso. La convivencia no estaba saliendo tan bien como nos habíamos esperado y la verdad es que, más pronto que tarde, empezamos a darnos cuenta de que quizá no estábamos hechos el uno para el otro. Decidimos cortar nuestra relación, pero la verdad es que nos daba mucho miedo lo que pudiera pasar con el piso puesto que éramos conscientes de que podíamos tener problemas a la hora de venderlo y no queríamos alargar demasiado la convivencia puesto que, como os estaba diciendo, era una cuestión que no había salido nada bien.

Tuvimos varias conversaciones para buscar la mejor solución para los dos en lo que ya era el final de nuestra relación. Lo principal era gestionar de manera correcta la venta del piso, para lo cual llegamos al acuerdo de que necesitábamos a profesionales que se encargaran de ello por nosotros, sobre todo por el hecho de que necesitábamos una venta rápida para adquirir el dinero y poder empezar una nueva vida en otra parte. Nos habían hablado bien de Vip House Barcelona y decidimos confiar en ellos porque se encargan de la venta y el alquiler de inmuebles como el nuestro, inmuebles de calidad y no cualquier cosa. La verdad es que, en apenas un par de semanas, el piso ya había sido vendido.

Eso nos quitó un problema del medio, para qué lo vamos a negar. Fue en ese momento cuando por fin tuvimos que dejar de vernos mi ya expareja y yo y empezamos a hacer nuestra vida por nuestra cuenta. Desde el punto de vista mental, esto es algo que siempre es necesario porque no cabe la menor duda de que hay que estar siempre al lado de las personas que queremos, de las personas que creemos que merecen la pena y que nos van a ayudar a que nuestra existencia sea mejor. Yo mismo me noté diferente cuando por fin tuve que dejar de verla y también cuando dejé de ser un problema para ella, porque sabía que era como me veía (es inevitable que una expareja sea un problema).

He continuado con mi vida y puedo decir que soy feliz 

Inmediatamente después de vender el piso, empecé a buscar otro lugar para vivir. Lo encontré no mucho tiempo después y la verdad es que ahora mismo soy bastante feliz con la vida que tengo puesto que laboralmente hago lo que me gusta y tengo dinero suficiente como para pagarme ese alquiler y tener ocio. Reconozco que me considero un tipo con suerte porque Barcelona ha alcanzado el padrón más alto de su historia, según nos indicaba la noticia que os acabo de enlazar y que procede de la página web de Tot Barcelona. Ahora mismo, solo en la ciudad hay 1’7 millones de personas censadas, pero es que en los municipios de alrededor son muchas más. No en vano, el área metropolitana de Barcelona es una de las más importantes de toda Europa. Podía haber sido complicado encontrar una nueva vivienda, pero lo cierto es que la conseguí.

Quizá tuviera que ver eso con el hecho de que, según indica la página web de Idealista, España haya superado por primera vez los 27 millones de viviendas, de las cuales el 70% son primera residencia. Está claro que, cuanta más vivienda hay, más suben las posibilidades para conseguir un techo. Yo estoy bastante contento de que así sea porque he podido volver a rehacer mi vida en otro lugar pero dentro de mi misma ciudad y sé que mi expareja, a la que no le deseo nada malo, ha hecho lo mismo también en Barcelona. Cuanta más gente seamos felices, mejor le irá a nuestro entorno. Eso siempre es positivo.

Nunca sabes lo que te puede deparar el futuro, pero lo puedes afrontar de una manera mucho mejor cuando sabes que estás haciendo las cosas bien y cuando te sientes bien contigo mismo. La autoestima es un valor muy importante en la vida y deberían enseñarnos a cultivarla desde que somos pequeños. Yo mismo he pasado por momentos en los que he tenido problemas en ese sentido, pero por suerte he sido capaz de superarlos y ahora puedo decir que me siento capaz de alcanzar cualquier propósito que tenga a lo largo de la vida. Ojalá que sea así, pero tened clara una cosa: si me vienen mal dadas alguna vez, sabré no decaer.

Tener autoestima es algo que nos va a venir de perlas tanto en el plano laboral como en el personal. Siempre gusta tener al lado y compartir la vida con alguien que se valora a sí mismo y que sabe cuidar de su autoestima. Y también gusta trabajar con alguien que es consciente de todo lo que puede llegar a conseguir y del margen de mejora que tiene para seguir desarrollándose porque son esas personas las que contribuyen a que todo salga mejor también para nosotros. La importancia que eso tiene no siempre se valora y la verdad es que todos y cada uno de nosotros deberíamos hacerlo.

Tened claro que de todo se sale y que la vida está para equivocarse. Yo me equivoqué al comprarme aquel piso con aquella expareja que tuve. Pero, con la ayuda adecuada, conseguí salir adelante hasta alcanzar a ser quien soy hoy. Todos tenemos derecho a equivocarnos, pero también tenemos derecho a aprender los errores y a tener en cuenta ese aprendizaje para mejorar en el futuro, para corregir cosas y para sanar. Desde luego, eso es lo que nos va a sacar hacia delante y lo que va a hacer posible que alcancemos aquello que llamamos felicidad, algo que muchas veces vemos complicado pero que siempre es posible conseguir. Nunca dejéis de intentarlo porque no os vais a arrepentir en absoluto de cada segundo que hayáis decidido invertir en vosotros y vosotras mismas o en vuestra felicidad.

 

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