¿Sabías que los hombres se ponen menos crema solar? Y eso les está pasando factura

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Es una de esas percepciones que casi todo el mundo comparte de forma intuitiva: los hombres se protegen menos del sol que las mujeres. Y, a diferencia de otros tópicos relacionados con los hábitos de cuidado que no siempre tienen una base clara, en este caso los estudios disponibles sí encuentran una diferencia bastante consistente. No se trata únicamente de que ellos utilicen menos protector solar, sino también de que lo incorporan con mucha menos frecuencia a su rutina diaria, especialmente cuando no están en la playa o de vacaciones.

Y la diferencia importa. La exposición acumulada a la radiación ultravioleta es uno de los principales factores de riesgo para desarrollar cáncer de piel y también está detrás de buena parte del fotoenvejecimiento. Por eso, cuando la fotoprotección se limita a los días de playa o a las jornadas de verano, se deja sin protección una parte importante de la exposición solar que se produce durante el resto del año: caminando, haciendo deporte, conduciendo o simplemente pasando tiempo al aire libre.

Los datos: sí, la diferencia existe

El estudio ISDIN sobre hábitos de fotoprotección en España, uno de los análisis más amplios realizados en el país, con más de 86.000 participantes, refleja esta brecha con bastante claridad. Según sus resultados, los hombres utilizan protector solar en un 30,8% de los casos, frente al 60,4% de las mujeres. Es decir, la proporción de mujeres que declara utilizar fotoprotector prácticamente duplica a la de los hombres.

La diferencia se hace todavía más evidente cuando se analiza el uso de fotoprotector facial. Mientras que para muchas mujeres la protección solar forma parte de la rutina diaria de cuidado de la piel, entre los hombres sigue estando mucho más vinculada a situaciones concretas: ir a la playa, pasar muchas horas al aire libre o exponerse intensamente al sol durante el verano. Esa diferencia de hábitos es importante porque la radiación ultravioleta no desaparece cuando termina la temporada de playa.

Otros estudios realizados en población de habla hispana encuentran una tendencia similar. En algunos de ellos, el porcentaje de hombres que utiliza protector solar a diario se sitúa alrededor del 19-20%, claramente por debajo del registrado entre las mujeres. Las cifras concretas cambian según el país, la edad de los participantes y la forma en que se plantea la pregunta, pero el patrón general se repite: los hombres suelen recurrir menos a la fotoprotección y hacerlo de manera más ocasional.

Y el problema no es solo estético

Puede resultar tentador interpretar esta diferencia como una cuestión de arrugas o manchas, pero sus consecuencias van bastante más allá. La radiación ultravioleta produce daño acumulativo en la piel y una exposición excesiva aumenta el riesgo de desarrollar diferentes tipos de cáncer cutáneo. Además, las quemaduras solares repetidas durante la vida son especialmente perjudiciales.

También hay una cuestión relacionada con la percepción del riesgo. Durante años, la protección solar se ha asociado en buena medida al cuidado estético de la piel, algo que probablemente ha favorecido que las mujeres incorporasen antes estos productos a sus rutinas. En los hombres, en cambio, todavía pesa más la idea de que el protector solar es algo que se necesita únicamente cuando la exposición es evidente o intensa.

Pero el sol no distingue entre una persona que está tomando el sol deliberadamente y otra que simplemente sale a la calle. La cantidad de radiación recibida depende del tiempo de exposición, la intensidad de la radiación, la zona geográfica, la época del año y otros factores. Por eso, convertir la fotoprotección en un hábito y no en una medida reservada para las vacaciones puede ser una diferencia mucho más importante de lo que parece.

Por qué existe esta diferencia

Los propios datos del estudio ISDIN ofrecen alguna pista sobre las motivaciones que hay detrás de este comportamiento diferenciado. Cuando se pregunta a las mujeres por qué usan protector solar, los motivos principales que citan son la prevención de manchas y arrugas (72,8%) y, en segundo lugar, la prevención del cáncer de piel (67,7%). En el caso de los hombres, el orden cambia: la razón principal que declaran es directamente la prevención del cáncer de piel (69,2%), seguida de evitar las quemaduras solares (62,6%).

Esto sugiere una diferencia interesante: mientras que en las mujeres el uso de fotoprotector está muy asociado también a una motivación estética —evitar el envejecimiento visible de la piel—, en los hombres esa motivación estética pesa mucho menos, y sin ese «empujón» adicional, el hábito termina siendo, en la práctica, menos constante. A esto se suman otros factores culturales que distintos dermatólogos han señalado: la sensación de que cuidarse la piel es «cosa de mujeres», una menor costumbre generalizada de incorporar rutinas de cuidado facial, o directamente el desconocimiento sobre la importancia real de la protección solar diaria, más allá de los días de playa o piscina.

Un problema que no es solo estético

La consecuencia más preocupante de esta brecha no tiene que ver con la estética, sino con la salud. La Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), la principal sociedad científica de dermatólogos en España, señala que el melanoma —el tipo de cáncer de piel más agresivo— se espera que se convierta, de aquí a 2040, en el tipo de tumor de mayor incidencia global entre los hombres, superando a otros cánceres actualmente más frecuentes en varones.

Además de una mayor incidencia, existe otro factor que agrava especialmente la situación en el caso de los hombres: el diagnóstico tardío. Dermatólogos especializados en esta enfermedad explican que, como norma general, los hombres tienden a detectar el melanoma en fases más avanzadas que las mujeres, lo que complica el tratamiento y empeora el pronóstico, en parte porque las lesiones sospechosas aparecen con frecuencia en zonas del cuerpo más difíciles de autoexaminar, como la espalda, y en parte porque, sencillamente, existe menos costumbre de revisarse la piel de forma periódica. Esta combinación de factores explica que la mortalidad por melanoma también sea notablemente superior entre los hombres que entre las mujeres.

La importancia de revisar la piel de forma periódica

La protección solar reduce la exposición a la radiación ultravioleta, pero no sustituye a la vigilancia de la propia piel. Revisar de forma periódica los lunares, manchas y lesiones que aparecen o cambian con el tiempo permite detectar alteraciones que pueden necesitar una valoración médica. Y no se trata únicamente de fijarse en los lunares más evidentes: también conviene prestar atención a lesiones nuevas, cambios de tamaño, forma o color, heridas que no terminan de cicatrizar o manchas que empiezan a comportarse de una manera diferente.

Esta revisión resulta especialmente útil porque algunas lesiones sospechosas pueden ser difíciles de distinguir a simple vista. El dermatólogo utiliza para ello el dermatoscopio, un instrumento que permite observar estructuras y patrones de la piel que no se aprecian simplemente mirando la superficie. La exploración no es invasiva y ayuda al especialista a valorar con mayor precisión si una lesión presenta características que justifican un seguimiento más estrecho o una exploración adicional.

En los últimos años, además, la teledermatología ha permitido trasladar parte de este proceso a entornos sanitarios más cercanos. Los profesionales de Farmacia El Ancla explican que algunos servicios permiten realizar imágenes dermatoscópicas de las lesiones y enviarlas posteriormente a un dermatólogo para su valoración. El especialista analiza las imágenes y elabora un informe, que en este caso puede recibirse en un plazo aproximado de 24 a 48 horas.

Este sistema puede resultar especialmente útil como primera valoración o herramienta de cribado, ya que permite detectar lesiones que podrían requerir una consulta dermatológica presencial sin que la persona tenga que esperar inicialmente a una cita hospitalaria. Eso sí, una valoración a distancia no sustituye a la consulta presencial cuando el especialista considera necesario examinar la lesión directamente, realizar pruebas adicionales o llevar a cabo una biopsia.

La clave está, por tanto, en combinar ambas cosas: prevenir la exposición excesiva al sol y prestar atención a cualquier cambio que se produzca en la piel. Una lesión que cambia, aparece de forma llamativa o no evoluciona como las demás merece ser consultada, aunque no produzca dolor ni cause molestias.

Cómo cambiar el hábito sin complicarse demasiado

Reducir la diferencia en fotoprotección no exige convertir el cuidado de la piel en una rutina interminable. En muchos casos, el cambio consiste simplemente en hacer que la protección solar deje de depender de una situación concreta —ir a la playa, hacer deporte o pasar todo el día al aire libre— y convertirla en un hábito más de la rutina diaria.

  • Incorporar el protector solar como último paso de la rutina de mañana.Igual que lavarse los dientes o ponerse desodorante, utilizar fotoprotección facial puede convertirse en un gesto automático si se hace siempre en el mismo momento. La clave está precisamente en no tener que acordarse cada vez de que “hoy toca crema solar”.
  • Elegir un producto que realmente apetezca utilizar.Si una crema resulta demasiado grasa, deja sensación pegajosa o blanquea la piel, es mucho más fácil acabar abandonándola. Actualmente existen protectores en diferentes texturas —fluidos, geles, sprays o emulsiones ligeras—, por lo que encontrar uno que encaje con las preferencias personales puede ser más importante de lo que parece para mantener el hábito.
  • Prestar atención a la piel durante todo el año.No hace falta realizar una inspección exhaustiva cada semana, pero sí acostumbrarse a observar los lunares y manchas y detectar cambios. Una lesión que modifica su tamaño, forma o color, sangra, pica de forma persistente o no termina de cicatrizar debería consultarse. Para zonas que uno no puede ver bien, como la espalda o el cuero cabelludo, puede ser útil pedir ayuda a otra persona.
  • Aprovechar las opciones de detección precoz cuando estén disponibles.Las revisiones dermatológicas no tienen por qué empezar únicamente cuando aparece una lesión que preocupa. Algunos servicios de teledermatología, como los que ofrecen determinadas farmacias mediante imágenes dermatoscópicas y valoración posterior por un especialista, pueden facilitar una primera evaluación y detectar lesiones que convenga revisar con mayor profundidad.
  • No esperar a que una lesión dé molestias.Una de las dificultades del cáncer de piel es que una lesión potencialmente importante puede no doler ni producir ninguna sensación especial durante sus primeras fases. Por eso, esperar a que pique, sangre o resulte molesta no es una buena estrategia. Los cambios visibles en la piel son motivo suficiente para pedir una valoración, aunque la persona se encuentre perfectamente.

Una brecha con solución sencilla

La diferencia en el uso de protector solar entre hombres y mujeres no responde a una cuestión biológica, sino cultural y de hábitos, lo que significa que se puede corregir con información y con pequeños cambios en la rutina diaria. Dado que los propios datos muestran que los hombres sí tienen presente el riesgo de cáncer de piel como motivo principal para protegerse, el reto no está tanto en la concienciación sobre el problema, sino en convertir esa preocupación puntual en un hábito constante durante todo el año, no solo cuando llega el verano o toca ir a la playa.

 

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