¿Por qué mentimos?

¿Por qué existen las mentiras? ¿Es evolutivamente favorable? ¿Mentimos mucho? ¿Qué razones tenemos para mentir?

Observa esta lista de razones y reflexiona un momento acerca de si has mentido por una de estas razones alguna vez:

– Ser aceptados o ignorados por un grupo o persona.

– Que los demás nos traten y reaccionen con nosotros de una manera concreta.

– No admitir nuestra ignorancia respecto a algo.

– Ahorrar tiempo elaborando una situación más sencilla y evitando dar explicaciones.

– Conseguir cosas, como dinero.

– Para hacer daño a otras personas.

– Para mejorar nuestro autoconcepto.

– Por no salirnos del protocolo.

– Para dar una primera buena impresión a la persona que nos gusta.

– Para conseguir un empleo.

– Conseguir que los demás hagan cosas (en nuestro favor o no).

– Para proteger a alguien o para protegernos.

– Para defender una determinada corriente (filosófica, política, religiosa, etc.)

– Por hábito.

– Para no crear confrontación.

– Para evitar un problema.

– Porque queremos ocultar algo y nos avergonzamos de la verdad.

– Para evitar que se desencadene una situación dañina.

Hay muchas más razones, pero podemos intentar sintetizar estas en unas pocas:

Mentimos para:

– Conseguir cosas o que se den situaciones que deseamos.

– Manipular a los demás en nuestro beneficio o el suyo propio.

– Aumentar nuestra autoestima.

– No sufrir.

Y a su vez estas cuatro las podríamos resumir en que mentimos para conseguir algún tipo de beneficio, ya sea a corto o largo plazo, más o menos inmoral y más o menos perjudicial.

Mentir es un mecanismo espontáneo y propio del ser humano. Los niños mienten desde bien pequeños, ya sea para ocultar algo que han hecho mal, para obtener la atención de sus padres o para contentar a estos. Si la evolución de las especies selecciona los rasgos que hacen que la especie sobreviva a lo largo del tiempo, la mentira debe ser un rasgo más que nos ha permitido sobrevivir o que nos ha resultado ventajoso. Ese rasgo sería precisamente la obtención de ese beneficio que nos otorga no decir la verdad al vivir en sociedad.

Esto lo ha estudiado en profundidad David Livingstone Smith, el director del Instituto de Ciencias Cognitivas y Psicología Evolutiva en Nueva Inglaterra, Estados Unidos. Profundizando en las páginas de su libro “¿Por qué mentimos?: las raíces evolutivas de la mentira y del inconsciente” podemos llegar a esta y otras conclusiones.

Por ejemplo, se ha estimado que en un sencillo día cada uno de nosotros recibimos unas 200 mentiras. Habría que aclarar en todo caso si mentir incluye saber que uno está mintiendo y que por lo tanto es un acto deliberado. Por ejemplo, en la naturaleza existen muchos mecanismos para engañar. Existen especies de orquídeas que tienen forma de abeja con la intención de que otras abejas realicen una “pseudo-cópula” con ellas y así lleven el polen de unas flores a otras, existen moscas inofensivas que imitan los colores de las avispas para causar temor y serpientes sin veneno que llevan los colores de otras mortales. La diferencia es que estos animales son totalmente ajenos al engaño.

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Las mentiras de los humanos son mucho más elaboradas y la mayoría de ellas son totalmente conscientes. De hecho, saber mentir es un signo de un buen desarrollo cognitivo. Nuestras mentiras son totalmente plásticas y pueden adaptarse e ir cambiando dependiendo de la situación. Y por supuesto mentimos con todo nuestro cuerpo, también utilizando la comunicación no verbal, como gestos, posturas, etc.

La complejidad de las mentiras iría pues en relación con el nivel intelectual. Así lo han apuntado Richard Byrne y Andrew Whiten, al observar que los primates que más mienten son los más inteligentes.

De este modo existiría una conexión entre el comportamiento y las relaciones sociales, la mentira y el desarrollo intelectual. Una de las razones del desarrollo del cerebro es la necesidad de organización como sociedad para sobrevivir y al mismo tiempo la vida en sociedad permitió un mayor desarrollo cerebral. La mentira es sencillamente un instrumento más que se usa tanto para mantener la cordialidad en el grupo como para competir socialmente.

Por un lado, mentira y éxito pueden ir muy relacionados, si entendemos éxito por obtención de recursos, reconocimiento y capacidad para atraer al otro sexo y reproducirse. Por otro lado, existe una verdad cordial para convivir; una sinceridad sin barreras puede crear problemas de grupo y rechazo social, ya que decir la verdad absoluta puede romper muchos de los ritos que hacen que un grupo se mantenga cohesionado.

Entonces, ¿mentir es todo beneficios?

Se ha realizado un estudio en Indiana que demuestra que la mentira o ciertas mentiras perjudican a nuestra salud. Estrés, tristeza y hasta dolor de cabeza son algunas de las consecuencias de no ser totalmente sinceros. Los psicólogos de Psania, en Valladolid, también han estudiado estos y otros rasgos relacionados con la mentira. Al mentir y vernos en la necesidad de mantener una mentira entramos en una situación de estrés provocado por liberación de hormonas y la puesta en marcha de diversos signos de la ansiedad. Esto produce un desgaste tanto físico como mental.

Por último, evitar la mentira como recurso fácil es algo que nos beneficia, sobre todo porque al no mentir a los demás dejamos de mentirnos a nosotros mismos y encaramos de mejor forma la realidad. El uso de la asertividad es un mecanismo muy beneficioso que conecta la estabilidad social con la sinceridad y la expresión de nuestros sentimientos.

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