"El miedo en los huesos"
Carlos Manuel López Ramos | Actualizado: 12.01.2010 | 18:31
Es un asunto feo del que sin embargo es necesario hablar, desde un punto de vista crítico, ya que el mal avanza y la situación empeora.
Me refiero a la industria del miedo, a la cultura del miedo: a una forma de poder que utiliza sutiles y tecnológicos instrumentos para meternos el miedo hasta los huesos; para que no digamos lo que según determinados poderes, tanto oficiales como fácticos, no debe decirse; para que no hagamos determinadas cosas; para robarnos la libertad. Por ejemplo: se empieza prohibiendo fumar y se termina implantando el registro de cuerpo entero en los aeropuertos. O se condena a los informadores de la Cadena Ser (sin ir más lejos) por ejercer su deber y su derecho de informar. Surge el miedo a denunciar injusticias, a manifestar ciertas opiniones, a señalar al mal gobernante, a corregir a un hijo.
Entre prohibiciones, sentencias, leyes, decretos y normativas, la vida se nos estrecha.
Eduardo Haro Tecglen escribió en un volumen de sus memorias titulado 'Hijo del siglo' (El País-Aguilar, Madrid, 1998): "Pero hay castraciones mentales: regímenes, sistemas, códigos penales y civiles, reglamentos, miedos, madres y padres, compañeros y compañeras, religiones de todas clases, educadores, represores sociales que practican la castración moral: en democracia. No produce sangre, pero sí ciudadanos sumisos, aterrados, solitarios, amuñecados. Impotentes. (Pero no es visible)".