Estar informado hoy en día en un tema controvertido. ¿Cómo se informa uno? ¿Leyendo el periódico? ¿Viendo la televisión? ¿Escuchando la radio? Está claro que todos estos medios ofrecen información, pero ¿de qué tipo? ¿Qué nivel de fiabilidad tienen?

Siempre nos queda la duda y el inevitable escepticismo de que nos están manipulando o de que otros están moviendo los hilos para decirnos lo que tenemos que pensar, hacer o votar.

Por eso estar informado no es solo conocer noticias de actualidad, sino tener el criterio y el espíritu crítico necesario para distinguir la información veraz de la que no lo es y, sobre todo, saber detectar el lenguaje manipulativo.

La mayoría de las veces pensamos que por seguir las noticias ofrecidas por los medios de comunicación ya tenemos la visión necesaria para formarnos una idea de la realidad y poder juzgarla, cuando en realidad el proceso resulta mucho más complejo que todo eso. Si deseamos estar informados de verdad el trabajo que conlleva es largo y pesado. Por eso nadie puede culparnos de estar mal informados o medio informados, ya que necesitamos hacer otras cosas en la vida más importantes para nuestra rutina que saber qué pasa en el mundo. Además, la mayoría de los problemas que se plantean en los noticiarios escapan a nuestro control, y en los que sí podemos contribuir nadie nos dice cómo, ya que la mayoría de las veces el interés de los que controlan la información es mantener el statu quo o generar rebelión por medio del caos con acciones que no son realmente efectivas.

Nuestro sistema democrático posee medios –aunque muy limitados y controlados- para que los ciudadanos, organizados, llevemos a nuestro terreno el sistema para construir la sociedad que deseamos tener.

Las dificultades son obvias: la ignorancia de nuestro propio poder sobre el PODER con mayúsculas, olvidar que somos libres, la ignorancia en general…

Muchas veces terminamos actuando por inercia y en contra de nuestros propios intereses. Seguimos un discurso verbal que no se corresponde con nuestras acciones, y ni siquiera nos paramos a pensar que estamos siendo incoherentes con nosotros mismos. Nos conformamos con enfurecernos e indignarnos ante las injusticias, pero no hacemos absolutamente nada. Todo pasa y todo llega, observamos la vida de forma contemplativa y poco participativa, mientras contribuimos a que todo siga igual, o más bien a que empeore, ya que la inactividad alimenta a los de arriba, que observan nuestra pasividad frotándose las manos. Qué fácil se lo ponemos.

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